Mientras empresas como Microsoft, Google o Meta acaparan la atención en el mundo de la inteligencia artificial y otras tecnologías, Oracle ha ido ganando terreno de manera silenciosa, posicionándose como el intermediario ideal en la complicada relación tecnológica entre Washington y Pekín. Desde su compra de Sun Microsystems en 2010, con el control sobre Java, una pieza clave para muchas tecnologías en nuestros dispositivos, Oracle ha ido aumentando su influencia. Hoy, su papel crece gracias a la inteligencia artificial y su participación en el acuerdo en torno a TikTok.
La clave de Oracle está en no tomar partido. Su estrategia consiste en ser un proveedor neutral que no compite directamente con sus clientes más importantes. A diferencia de Amazon Web Services o Microsoft Azure, que pueden generar tensiones por competir de manera más directa, Oracle ofrece infraestructura sin amenazar esos negocios. Esto le permite trabajar tanto con OpenAI como con sus competidores, convirtiéndose en un “mercenario” tecnológico que todos quieren pero sin generar miedo.
En el caso de TikTok, el gobierno de Estados Unidos ha confirmado que Oracle jugará un papel fundamental para mantener la app funcionando en territorio estadounidense. La compañía se encargará de la seguridad y el manejo de los datos de los usuarios desde centros dentro del país. Aunque ByteDance mantendrá un 20% de propiedad, Oracle tendrá el control de la infraestructura crítica para calmar a los legisladores preocupados por la seguridad nacional.
Mientras otras grandes tecnológicas luchan por captar la atención del consumidor final con redes sociales o asistentes de IA, Oracle prefiere mantenerse detrás de escena. Su negocio en infraestructura cloud quizás no tenga el brillo de otros sectores, pero se ha vuelto indispensable. Los números lo reflejan claramente: sus ingresos futuros estimados han aumentado un 359%, alcanzando una capitalización de mercado de 455.000 millones de dólares. Entre sus contratos destaca el acuerdo con OpenAI valorado en 300.000 millones, enfocado en el ‘Project Stargate’.
La fuerza de Oracle radica en su estrategia de intermediario perfecto, manteniendo una postura neutral frente a las tensiones geopolíticas sin aliarse abiertamente con ninguna parte. Así, cuando Estados Unidos busca una alternativa a la infraestructura tecnológica china, Oracle está disponible. Y cuando las empresas de IA necesitan potencia computacional sin depender de sus competidores directos, Oracle también cumple ese rol. De esta manera, ha construido una red de contactos que le ha resultado muy provechosa.
Sin embargo, esta estrategia también tiene sus riesgos. Depender de contratos tan grandes, como el de OpenAI, puede hacer a Oracle vulnerable si alguno de esos clientes cambia de rumbo. Además, sus ambiciosos compromisos implican endeudarse y expandir su infraestructura como nunca antes. Su ratio de deuda sobre patrimonio es del 427%, muy por encima del 32,7% de Microsoft, según datos de S&P Global Market Intelligence. Esto pone en evidencia la apuesta fuerte de Oracle, pero también su exposición a posibles problemas financieros.
En resumen, Oracle se ha convertido en un jugador clave y discreto en la batalla tecnológica y geopolítica actual, actuando como un puente neutral que ofrece soluciones críticas sin despertar desconfianza ni rivalidades directas.



