Hace apenas unos meses, NVIDIA y OpenAI parecían inseparables. En una alianza que prometía cambiar el panorama tecnológico, NVIDIA anunció una inversión masiva de 100.000 millones de dólares en OpenAI, un acuerdo que parecía consolidar un verdadero imperio conjunto. Pero ahora, esa relación está pasando por serias dificultades.
Recordemos que todo comenzó en 2016. En ese entonces, NVIDIA ya era un nombre reconocido, pero OpenAI aún era una promesa emergente. Jensen Huang, CEO de NVIDIA, vio el potencial de OpenAI y le entregó a Elon Musk un servidor DGX-1, su primer superordenador de escritorio para inteligencia artificial. Desde entonces, OpenAI ha ido utilizando cada vez más GPUs avanzadas de NVIDIA para desarrollar sus proyectos. Con la explosión de ChatGPT en 2022, OpenAI se convirtió en uno de los mayores clientes de NVIDIA, mientras que NVIDIA establecía inversiones en la compañía. Parecía un intercambio beneficioso para ambos, una verdadera sinergia tecnológica.
Sin embargo, en septiembre de 2025, cuando NVIDIA anunció esa supuesta inversión estratégica de hasta 100.000 millones de dólares en OpenAI, comenzaron a surgir dudas. Según reportó The Wall Street Journal, el acuerdo estaría congelado y no habría sido vinculante, un punto que Jensen Huang no dudó en aclarar en una reciente entrevista en Taipei. Huang explicó que NVIDIA no se comprometió a invertir esa cifra en una sola ronda y que sólo fueron invitados a participar hasta ese monto, lo que les parecía un honor. Afirmó que evaluarán cada oportunidad de inversión por separado, desmintiendo la idea de un compromiso firme.
Estas declaraciones generaron una evidente tensión. Por su parte, Sam Altman, CEO de OpenAI, intentó minimizar la controversia asegurando que NVIDIA seguirá siendo un cliente clave por mucho tiempo y que no entiende de dónde surgieron esos rumores. Sin embargo, las palabras de ambos reflejan diferencias en la percepción y cierta desconfianza latente sobre el alcance real del acuerdo.
Por otro lado, OpenAI también tiene sus propios reparos. Fuentes indican que la compañía no está completamente satisfecha con ciertos chips de IA de NVIDIA, que aunque funcionan muy bien para el entrenamiento de modelos, no lo hacen tan bien para tareas de inferencia. Esto ha llevado a OpenAI a explorar otras opciones y a conversar con empresas como Cerebras y Groq para obtener chips especializados. Sin embargo, las negociaciones con Groq se complicaron porque NVIDIA firmó un acuerdo para licenciar la tecnología de esta empresa por 20.000 millones de dólares, bloqueando el acceso de OpenAI a esa alternativa.
Mientras todo esto ocurre, Altman no se detiene en buscar nuevas oportunidades. Tras la ruptura con Microsoft, ha explorado otras opciones como SoftBank, Oracle e incluso NVIDIA. Pero la situación es más compleja porque Altman también se ha convertido en accionista de AMD, uno de los principales competidores de NVIDIA. Además, OpenAI está en negociaciones con Amazon para una inversión de hasta 50.000 millones de dólares y con SoftBank para otra de 30.000 millones, sumándose a compromisos anteriores de la empresa japonesa.
Esta situación genera un fenómeno interesante en el que, en lugar de que una empresa quede atrapada por depender de un proveedor como NVIDIA, es NVIDIA quien podría verse demasiado atada a un cliente como OpenAI. Si NVIDIA realiza esa inversión millonaria y OpenAI cambia de rumbo o fracasa, el impacto financiero para NVIDIA sería enorme, un riesgo mutuo que podría afectar a ambas compañías.
En definitiva, lo que comenzó como una unión prometedora entre NVIDIA y OpenAI ahora enfrenta tensiones, desacuerdos y una reconfiguración de prioridades que pone en duda el futuro de esta relación que parecía indestructible.


