En los últimos meses, OpenAI ha firmado contratos por más de 1,4 billones de dólares para construir infraestructura, principalmente centros de datos, en los próximos 8 a 10 años. El gran problema es que estas inversiones implican enormes obligaciones crediticias que deberán pagarse en 2026, y queda muy poco claro cómo harán frente a esos pagos.
La situación es complicada. Con la estructura actual de ingresos, no pueden asumir una deuda de tal magnitud. Sam Altman, CEO de OpenAI, compartió en su cuenta de X que esperan cerrar el año con más de 20.000 millones de dólares en ingresos anuales, pero pese a eso, seguirán en números rojos. Además, aseguran que para 2030 sus ingresos podrían llegar a “cientos de miles de millones de dólares”. Sin embargo, esa proyección no basta para cubrir las obligaciones financieras que tienen a corto plazo, lo que hace prácticamente imposible cumplir con todos los pagos sin recurrir a medidas extraordinarias como financiamientos especiales o refinanciaciones.
La semana pasada se comentó la posibilidad de que, ante una crisis importante, tanto NVIDIA como OpenAI pudieran necesitar un rescate del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, Altman dejó claro que “no tienen ni quieren garantías gubernamentales y que los contribuyentes no deberían rescatar a empresas que toman malas decisiones de negocio”.
Aunque descarta un rescate, Altman sí mencionó que están analizando junto con el gobierno estrategias para manejar esos créditos, especialmente en el contexto de apoyar la construcción de fábricas de semiconductores en Estados Unidos. Pero aclaró que esto es distinto a que el gobierno garantice inversiones en centros de datos con fines privados.
Un analista como Ed Zitron ha explicado que OpenAI necesita nada menos que 400.000 millones de dólares en el próximo año para hacer frente a esas deudas. Además, los planes de la compañía para construir chips en colaboración con Broadcom, así como los proyectos con AMD y NVIDIA para centros de datos gigantescos, implicarían gastos que superarían los 100.000 millones de dólares. Zitron señala que no solo faltaría tiempo para construir estas infraestructuras, sino también dinero, y hasta materiales y mano de obra especializada para proveer la energía necesaria. En resumen, parece un castillo de naipes muy frágil.
Para enfrentar esta situación, OpenAI depende cada vez más de emitir deuda y atraer inversores estratégicos, además de acuerdos de financiación con varias compañías. Un ejemplo es SoftBank, que ya ha invertido en OpenAI y podría ampliar su participación tras vender completamente su participación en NVIDIA, obteniendo cerca de 6.000 millones de dólares. Pero aunque reinvirtiera todo eso, la cifra sigue siendo insuficiente para cubrir los compromisos. Por supuesto, también está la esperanza de un crecimiento explosivo en ingresos, aunque no hay garantías claras de que eso ocurra en un futuro cercano.
Otra opción sería reducir el ritmo de crecimiento y las inversiones desmesuradas. Al adoptar una estrategia menos ambiciosa y con plazos más realistas, podrían aliviar la presión financiera, aunque esto también generaría dudas sobre las promesas optimistas que Altman y su equipo han hecho durante años.
Salir a bolsa es otra posibilidad para OpenAI, sobre todo tras su reciente reestructuración como organización con fines de lucro bajo la Fundación OpenAI. Se ha especulado que una oferta pública podría valorarla en un billón de dólares, pero los analistas creen poco probable que eso suceda pronto, o incluso que suceda en absoluto.
La burbuja tecnológica sigue creciendo, con valoraciones de empresas como NVIDIA, Oracle o AMD muy ligadas a acuerdos informales con compañías como OpenAI. Según expertos como Scott Galloway, estos pactos son en gran medida simbólicos, generando más ruido que resultados reales. Si el mercado pierde confianza, la caída podría ser severa y esa burbuja estallaría.
Finalmente, la concentración de valor en el mercado tampoco ayuda. El economista Torsten Sloj ha alertado sobre la peligrosa concentración de activos en el índice S&P 500, donde las “Siete Magníficas” han crecido espectacularmente mientras que el resto apenas ha avanzado, lo que añade riesgos adicionales al entorno financiero en 2025.
En definitiva, OpenAI enfrenta un gran desafío para equilibrar su ambición y sus cuentas. De no encontrar una solución viable, sus obligaciones crediticias en 2026 podrían ser insostenibles y poner en riesgo el futuro de la empresa.



