Alphabet acaba de cerrar la mayor emisión de deuda en su historia: 20.000 millones de dólares en bonos. Pero además, prepara una operación poco común: una emisión en libras esterlinas que incluye un bono a 100 años, con vencimiento en 2126.
¿Por qué es relevante? Ninguna gran tecnológica había lanzado un bono centenario desde IBM, que lo hizo en 1996. Que Google apueste ahora por este tipo de deuda refleja la enorme inversión que requiere la inteligencia artificial (IA) y cómo esta carrera se está financiando con un endeudamiento sin precedentes.
Recordemos que un bono es básicamente un préstamo: la empresa recibe dinero y a cambio paga intereses periódicos, devolviendo el capital al final. Normalmente los plazos suelen ser de 5, 10 o 30 años; pedir dinero a 100 años es algo extraordinario.
La respuesta del mercado ha sido impresionante: la demanda superó los 100.000 millones de dólares, cinco veces más de lo que Alphabet inicialmente buscaba captar. La empresa había planeado 15.000 millones, pero ante el interés abrumador decidió aumentar la emisión hasta los 20.000 millones.
Este bono a cien años envía un mensaje claro: “Estamos creando infraestructura para generaciones”. Google da a entender que la IA no es una moda pasajera ni algo que se olvidará rápidamente, sino una revolución tecnológica que transformará la economía a largo plazo, tal como lo hicieron los ferrocarriles o la electricidad.
Sin embargo, no todos miran esto con optimismo. Michael Burry, conocido por haber anticipado la crisis financiera de 2008, ha alertado sobre este movimiento. Destaca que la última gran tecnológica que emitió un bono a 100 años fue Motorola en 1997, justo antes de que comenzara su declive frente a competidores como Nokia o los fabricantes chinos. Burry se pregunta si esto es confianza o simplemente un gesto que se hace justo en la cima antes del inevitable cambio.
En cuanto a números, Alphabet podría gastar este año hasta 185.000 millones de dólares en infraestructura relacionada con la IA, superando lo invertido en los tres años anteriores combinados. Este gasto abarca centros de datos, chips y capacidad de computación especializada.
Otras cinco grandes tecnológicas que aumentaron su inversión (Amazon, Meta, Microsoft y Oracle, sumados a Google) emitieron 121.000 millones en bonos el año pasado, cuatro veces más que el promedio anual de 2020 a 2024.
¿Quién gana? Sin duda Google. Emitir deuda a tan largo plazo le permite asegurar tasas de interés favorables por décadas. Si los tipos suben, ya tiene la financiación asegurada; si bajan, puede recomprar la deuda antes. Además, los intereses de los bonos son deducibles fiscalmente, lo que resulta más económico que usar su propio capital y no diluye a los accionistas. Es un escenario en el que todos ganan.
Lo que está claro es que la era en la que las tecnológicas crecían solo con sus beneficios ha quedado atrás. La enorme inversión necesaria para construir la infraestructura de IA hace que ahora recurran a instrumentos financieros complejos que antes apenas utilizaban. Ya no son solo compañías de software, sino auténticos gigantes constructores del siglo XXI que precisan mucho capital.
La gran pregunta es si emitir bonos a 100 años es una visión innovadora o un exceso de confianza. Probablemente sea un poco de ambos. Google lleva tiempo apostando fuerte por la IA, mucho antes de la llegada de ChatGPT, y financiarla de esta forma tiene sentido. Pero cuando todo un sector se endeuda masivamente bajo la promesa de una demanda casi ilimitada, conviene ser cauteloso.
Lo que está sucediendo es que las tecnológicas ahora compiten en el mercado de deuda al nivel de bancos e industriales, algo que revela en qué se ha convertido esta industria hoy en día.



