Current AI Drives the Attention Economy, Not True AGI

Sora 2 enables mass creation of AI-generated videos, boosting viral content but also increasing saturation and loss of authenticity, creating challenges in trust, privacy, and deepfake detection. https://tinyurl.com/4982kcet

M
MIIA
editorial
October 1, 2025·4 min read
Current AI Drives the Attention Economy, Not True AGI

Ya está aquí Sora 2, una herramienta que permitirá a cualquiera crear vídeos increíbles generados por inteligencia artificial. Pero esto viene acompañado de un nuevo problema: la proliferación de contenido de baja calidad generado por IA, o lo que podríamos llamar “bazofia IA”. Esto hará que encontrar material valioso y relevante en internet sea aún más complicado. Mientras tanto, las empresas de inteligencia artificial están ganando la batalla por captar nuestra atención, algo que ya habían conseguido antes gigantes como Facebook, Instagram o TikTok.

En los últimos días hemos visto movimientos importantes: Meta lanzó Vibes y OpenAI presentó Sora 2. Ambas son plataformas para descubrir, crear y compartir vídeos generados con IA. Estos servicios democratizan la creación de contenido audiovisual, evitando que tengas que ser un experto en edición o dedicar horas a la producción, porque la IA hace ese trabajo mucho más sencillo. Pero que haya más contenido no significa que sea mejor; simplemente habrá muchísimo más.

La web de Sora te recibe con una sección llamada “Explore”, donde puedes desplazarte sin parar viendo vídeos pensados para mantenernos enganchados en un constante “doomscrolling” —o sea, ese hábito de desplazarse sin fin buscando nuevas publicaciones.

Estas plataformas, como Sora o Vibes, ofrecen un flujo infinito de vídeos, cuya creación casi no cuesta esfuerzo ni dinero al usuario, salvo que quieran generar muchos y entonces hay que pagar una suscripción. La promesa es potente: cualquiera puede crear vídeos virales fácilmente. Sin embargo, lo que proponen es transformar lo viral en una fórmula concreta, usando plantillas emocionales que apelan a nuestra nostalgia, indignación o ternura. Así, el contenido pierde autenticidad y todo parece creado por un algoritmo.

La prioridad aquí no es la calidad, sino la cantidad y la inmediatez. Estas plataformas funcionan como enormes fábricas automáticas de contenido diseñadas para retener nuestra atención, no para aportar valor. El contenido se convierte en una máquina tragamonedas, y el “AI Slop” explota nuestros sesgos cognitivos para mantenernos enganchados, generando una especie de dopamina sintética a gran escala.

Recordemos cómo Facebook construyó su imperio al convencernos de crear contenido para ellas gratuitamente. Ahora, con el acceso facilitado a la creación por IA, es probable que muchas más personas se sumen a generar contenido, pero sigue siendo el usuario quien trabaja sin remuneración y es, a la vez, el producto. Estas plataformas quieren atraer a la mayor cantidad posible de usuarios para monetizar su atención, igual que hizo Facebook hace dos décadas.

En medio de este mar de vídeos generados por IA, cada vez será más difícil distinguir lo real de lo fabricado por algoritmos. Hace poco tiempo ya era complicado con imágenes, y hoy casi no hay manera de saber si un vídeo es auténtico. Esto va más allá de la preocupación por deepfakes o estafas: amenaza la confianza básica en la realidad visual.

El “AI Slop” se refiere a ese contenido generado con IA que, aunque puede parecer técnicamente impresionante, carece de propósito, significado o autenticidad, y solo busca captar nuestra atención rápida. Ya hemos visto cómo la IA produce textos e imágenes de este tipo, y ahora el vídeo lleva esa capacidad a otro nivel.

OpenAI, con Sora 2 y sus nuevas aplicaciones, parece querer competir directamente con TikTok, que domina el formato de vídeo corto. Permitir que los usuarios creen vídeos en los que ellos mismos son los protagonistas, haciendo cosas imposibles gracias a la IA, es un gancho poderoso, especialmente con funciones como los “cameos”, que pueden convertirse en contenido muy adictivo.

Antes de subir un vídeo para crear estos cameos o combinaciones, OpenAI advierte sobre las implicaciones, aunque no está claro si eso frenará la avalancha de creaciones.

Por supuesto, hay riesgos importantes en cuanto a seguridad y privacidad. Los fraudes usando deepfakes cada vez serán más difíciles de detectar, y la privacidad queda en entredicho cuando una plataforma guarda y puede modificar nuestras imágenes, vídeos y audios si lo permitimos. OpenAI ofrece herramientas de configuración, controles parentales y avisos al subir contenido, pero no es seguro que eso sea suficiente para protegernos.

En definitiva, estamos entrando en una era donde el contenido generado por IA se multiplica descontroladamente, y eso cambia radicalmente cómo consumimos información, qué confiamos y cómo se construye nuestra atención en internet.

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https://www.xataka.com/robotica-e-ia/empresas-ia-nos-dicen-que-quieren-lograr-agi-que-realmente-estan-conquistando-economia-atencion
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