En abril de 2024, probé por primera vez las Ray-Ban Meta, y de inmediato me parecieron discretas, funcionales y elegantes, muy diferentes a las incómodas Google Glass de antes, que intimidaban con su cámara visible y comandos en voz alta. Las primeras Ray-Ban Meta ya tenían un diseño mucho más natural y la tecnología estaba bastante oculta; aunque un poco más gruesas que unas gafas normales, nadie notaba que no lo eran realmente.
Lo que más me sorprendió entonces fue la calidad del sonido, proveniente de un dispositivo tan pequeño, y la posibilidad de capturar momentos espontáneos sin sacar el móvil. No eran perfectas, pero sí cumplían bien y prometían mucho.
Ahora, casi dos años después, he pasado varias semanas con las Ray-Ban Meta 2, concretamente el clásico modelo Wayfarer negro con lentes fotocromáticas que se oscurecen ligeramente con el sol. La experiencia ha sido reveladora, aunque no siempre de la manera que Meta desearía.
Lo que más destaca sigue siendo el hardware. Meta junto con EssilorLuxottica han dado en el clavo con el diseño: mantienen el icónico estilo Wayfarer que funciona en cualquier ocasión, y lo mejor es que parecen gafas normales, no aparatos tecnológicos. Son un poco más gruesas que unas Ray-Ban convencionales, pero nadie se fija salvo que busque las cámaras en los lados.
Estas gafas vienen en tres estilos distintos: Wayfarer (el que probé), Skyler (más redondeado) y Headliner (algo intermedio), con una gama amplia de colores y tipos de lentes, desde transparentes hasta polarizadas, de transición y graduadas. Esta variedad no la ofrece ninguna otra marca de gafas inteligentes, y tiene sentido, pues EssilorLuxottica domina el sector de la moda y la óptica, mientras Meta aporta la tecnología.
En cuanto a las lentes de transición que probé, me parecieron un buen todo en uno: aunque no son tan efectivas como unas gafas de sol dedicadas, se ajustan bien a la luz ambiente, aclarándose o oscureciéndose según convenga.
Una gran mejora respecto a la primera generación está en la batería. Antes prometían cuatro horas, pero era difícil alcanzar eso. Ahora, las Gen 2 prometen hasta ocho horas, y aunque no las uso tanto sin interrupción, la diferencia se nota claramente. Por ejemplo, con un uso moderado de fotos y comandos puntuales de IA, la batería baja un 12,5% por hora, según Meta. Si activo vídeo continuo, el consumo se acelera, pero ya no siento la preocupación constante de quedarme sin batería.
El audio también es mejor: los altavoces abiertos ofrecen un sonido claro, potente y con buena separación estéreo, perfectos para escuchar música casual, podcasts o hacer llamadas. Eso sí, no esperes graves profundos ni aislamiento sonoro, y a volúmenes altos el sonido se filtra, por lo que no son ideales para ambientes ruidosos o para quienes busquen privacidad total.
La cámara ha recibido una actualización considerable. Mientras que las primeras grababan en 1080p a 30 fps, estas graban en 3K a 30 fps o 1080p a 60 fps, manteniendo fotos de 12 MP. Esto mejora el detalle, contraste y reduce la compresión en los videos, ideal para creadores de contenido que quieren grabaciones de calidad desde un punto de vista personal. No es un cambio radical para redes sociales, pero sí un paso adelante.
El estuche ahora tiene un anillo LED que indica el estado de carga, un buen ejemplo de cómo se combinan lo clásico y lo digital. La cámara sigue siendo visible pero discreta, mucho menos invasiva que en otros modelos como las Oakley Meta Vanguard.
Sin embargo, algunas limitaciones persisten: solo se graba en formato vertical, sin opción de vídeo horizontal ni zoom, y el encuadre depende mucho de la intuición, porque no puedes ver lo que estás grabando en tiempo real. La cámara está en el lateral izquierdo, lo que da un ángulo poco natural. Además, la sensibilidad en condiciones de alto contraste es limitada, con sombras subexpuestas y fotos borrosas en interiores con poca luz o por la noche, problemas propios de sensores pequeños y ópticas fijas.
En resumen, el hardware es excelente: unas gafas de sol con altavoces integrados y cámara discreta casi imbatibles en su categoría. El precio ronda los 419 euros para lentes transparentes y 499 para las de transición, ofreciendo un producto diseñado con cuidado y funcional.
Pero las Ray-Ban Meta Gen 2 son, más que nada, unas gafas inteligentes con IA integrada, y ahí es donde surgen las complicaciones.
Meta ha presentado sus gafas como un asistente contextual que entiende tu entorno, traduce idiomas en tiempo real y te brinda información útil. La idea de decir “Hey Meta” y tener un asistente personal suena genial, pero en la práctica, es más como un asistente distraído que no siempre capta bien lo que le pides.
Por ejemplo, al usar la IA para traducir carteles funciona, aunque no siempre con precisión. Cuando quise identificar una planta, me dio tres respuestas distintas en intentos consecutivos, y al preguntar si estaba segura, admitió que no. Al solicitar información sobre un edificio histórico, la respuesta fue genérica y poco útil.
La IA de Meta no es mala en sí, pero se siente desconectada, torpe y poco natural. La traducción en tiempo real funciona bien cuando ambas personas tienen las gafas, lo cual resulta poco práctico. La función Live AI, que mantiene la cámara encendida para analizar el entorno en vivo, es más una muestra tecnológica que una herramienta útil, y consume la batería muy rápido.
A diferencia de asistentes más avanzados como ChatGPT, que mantienen el contexto y fluyen en conversación, la IA de Meta parece reiniciarse cada vez que interactúas y ofrece respuestas básicas al analizar imágenes. Las preguntas de seguimiento casi no funcionan, y en general la experiencia es decepcionante. La aplicación que controla las gafas también está muy enfocada en la promoción de productos y funciones, más que en ofrecer funcionalidades sólidas.
En cuanto a privacidad, no se puede obviar que Meta cambió su política: en Estados Unidos, los usuarios ya no pueden evitar que se almacenen grabaciones de voz en la nube. Además, las imágenes capturadas pueden usarse para entrenar modelos de IA, y el contenido compartido puede hacerse público si no se controla adecuadamente. Si esto te preocupa, estas gafas no son para ti.
Además, en la calle no pasan desapercibidas. Aunque menos evidentes que otros modelos, la gente se fija y a veces genera desconfianza, especialmente en entornos como playas, piscinas o gimnasios donde una cámara, por muy discreta que sea, puede incomodar. El pequeño LED que parpadea al grabar puede pasar desapercibido, y la confianza en no estar grabando es algo que hay que ganarse con los demás.
En conclusión, las Ray-Ban Meta Gen 2 son un producto técnicamente muy bueno, pero atrapado en unas expectativas mayores a lo que puede ofrecer. Meta quiere que sean el futuro de la computación portátil, pero hoy son, sobre todo, unas estupendas gafas con muy buen sonido, cámara decente y una IA que aún queda lejos de ser realmente útil.
Si ya tienes la primera generación, la mejora en batería puede justificar la actualización si era un problema para ti. Si eres nuevo en gafas inteligentes y te atrae su combinación de diseño y funciones básicas, son hoy la mejor opción en el mercado. Pero si buscas la máxima inteligencia artificial integrada, te conviene esperar; Meta aún tiene mucho por mejorar.
A mí, personalmente, me basta con que sean buenas gafas, auriculares y cámara en un solo dispositivo. Pero quienes esperen una IA avanzada deberían saber que esto es solo un vistazo al futuro y no el producto pleno que Meta promete.



