Un año más, Google ha decidido anticiparse al lanzamiento de los nuevos iPhone, pero esta vez, a diferencia del apresurado lanzamiento de los Pixel 9 el año pasado, que llegó con un sistema operativo desactualizado, el Pixel 10 sí llega con sentido. La compañía ha estrenado el nuevo teléfono con Android 16, y dado que en este segmento el software y la inteligencia artificial son protagonistas, la apuesta les ha salido bien.
Los Pixel 10 buscan competir cara a cara con los iPhone 17, aunque, como suele pasar con cada generación, todavía les falta ese empujón para convertirse en el Android ideal, ese modelo de referencia. Aun así, el Pixel 10 Pro ofrece una experiencia diaria muy satisfactoria, y en esta ocasión ha sido la inteligencia artificial, más que el hardware, la que marca la diferencia.
En cuanto al diseño, el Pixel 10 Pro sigue la línea del Pixel 9 Pro, y eso es bueno, ya que mantiene un acabado premium con cristal trasero sedoso que apenas atrae huellas, bordes metálicos cromados suaves al tacto, y una pantalla plana con ligeras curvas en los bordes que hacen muy cómoda su sujeción. Aunque no es un móvil pequeño (6,3 pulgadas), se siente más compacto que otros gama alta, permitiendo un manejo cómodo con una mano, a diferencia de otros teléfonos que solo ofrecen su versión más exclusiva en tamaños XL. También tiene certificación IP68, cristales Gorilla Glass Victus 2 y un diseño pensado para ofrecer resistencia y confort, incluyendo una funda oficial que protege el módulo de cámaras y es compatible con carga inalámbrica magnética bajo el estándar Qi2, similar al MagSafe de Apple.
Hablando de la pantalla, el Pixel 10 Pro monta un panel OLED de 2.856 x 1.280 píxeles (495 ppp) con tecnología LTPO que ajusta la tasa de refresco entre 1 y 120 Hz, aunque de fábrica viene a 120 Hz para una experiencia más fluida. Su calibración apunta a tonos cálidos que resultan ideales para disfrutar de series o anime, con un contraste y color que gustan, aunque en exteriores intensos el brillo automático no llega al máximo deseado y hay que subirlo manualmente. La pantalla es susceptible a reflejos y marca bastante las huellas, algo incómodo si ves contenido en sitios iluminados o sin limpiar la superficie.
En sonido, el Pixel 10 Pro ofrece un volumen alto y sonido estéreo con un auricular frontal visible que cumple bien, aunque al subir mucho la barra comienza a distorsionar. Cuenta con audio espacial para altavoces y auriculares, y funciones de accesibilidad avanzadas, como subtítulos automáticos que traducen vídeos o llamadas en tiempo real, y una mejora de audio en llamadas que reduce el ruido ambiental.
El rendimiento está marcado por el procesador Tensor G5, desarrollado íntegramente por Google y fabricado por TSMC con tecnología de 3 nanómetros, pero que sigue estando algo por detrás de los últimos chips de Qualcomm y Apple en potencia bruta. Aunque el salto respecto al Tensor G4 es notable (con un 34% de mejora en CPU y un 60% en IA), sigue lejos del rendimiento de los Snapdragon 8 Elite y del A18 Pro de los iPhone 16. La memoria RAM es de 16 GB, y aunque los juegos y apps funcionan muy bien, el procesador tiende a calentarse y sus capacidades pueden ser un motivo de preocupación pensando en el uso a largo plazo, especialmente considerando que Google promete siete años de actualizaciones.
En cuanto a software, Android 16 es uno de los puntos fuertes del Pixel 10 Pro. La versión estable es sólida y rápida, sin cierres inesperados ni ralentizaciones, con notificaciones mejor organizadas, animaciones elegantes, opciones de personalización ampliadas y ajustes inteligentes como botones con doble función. Además, el sistema ofrece útiles funciones de accesibilidad como subtítulos automáticos traducidos al instante y un apartado donde consultar el estado del dispositivo, garantía y batería. No incluye todavía un modo escritorio completo como Samsung DeX, aunque mantiene la proyección de pantalla vía USB-C.
La batería es de 4.870 mAh, y con un uso intensivo alcanza más de cuatro horas de pantalla, lo que se traduce en autonomía para un día completo, pero nada espectacular. La carga por cable es de 30 W, aunque tarda casi dos horas en completarse, ya que Google prioriza no sobrecalentar el dispositivo. La carga inalámbrica es compatible con Qi2 y MagSafe, aunque con imanes algo más débiles que los de Apple, y ofrece hasta 15 W de potencia.
Las cámaras mantienen la misma configuración de la generación anterior, con sensores idénticos: principal de 50 MP, gran angular de 48 MP y telefoto de 48 MP con zoom óptico 5x y superzoom digital hasta 100x, además de cámara frontal de 42 MP. Aquí es donde la inteligencia artificial juega un papel fundamental, mejorando el procesamiento de imágenes y las capacidades del zoom, especialmente en situaciones complicadas o con baja luz. Aunque las fotos son muy parecidas a las del Pixel 9 Pro, la IA facilita resultados efectivos, con colores naturales, buen detalle y desenfoque muy logrado, en especial usando el telefoto para retratos.
Eso sí, el sistema foto aún comete licencias creativas y puede “inventar” detalles en aumentos extremos, como ocurre con el zoom superresolución por encima de 30x, donde el procesado digital rellena partes de la imagen que no existen realmente, creando resultados que son visualmente atractivos pero no 100% fieles. Por ejemplo, al hacer zoom 100x, algunos textos o detalles pueden ser erróneos o añadidos por la IA.
Destaca también una novedad llamada “Camera Coach”, que funciona como un pequeño asesor fotográfico basado en inteligencia artificial: sugiere encuadres, composiciones y modos de disparo según la escena, ayudando a quienes no tienen experiencia a sacar mejores fotos sin necesidad de editar después. Es una función especialmente pensada para fotos planificadas, no para capturar momentos rápidos.
En resumen, el Pixel 10 Pro no supone un salto revolucionario frente a su antecesor, pero mantiene un alto nivel en diseño, pantalla, software y cámara, apoyado especialmente en la inteligencia artificial para mejorar la experiencia fotográfica y de usuario. Sin embargo, su procesador sigue siendo su mayor punto débil, sobre todo considerando su precio superior a los 1.000 euros y la promesa de un dispositivo que debería mantenerse eficiente y potente durante siete años.
Para quienes ya tienen un Pixel 9 Pro, la renovación no es imprescindible, pero para quienes busquen un Android sólido, muy pulido y con cámaras versátiles, el Pixel 10 Pro es una excelente opción a tener en cuenta, siempre que se acepte que su potencia es buena, pero no la máxima del mercado. En definitiva, un móvil que destaca más por su software y capacidades de IA que por su fuerza bruta.


