IA revoluciona la manufactura: nuevo golpe a la producción tradicional

La inversión en IA en 2024 alcanza cerca de $400.000M, superando fondos para manufactura en EE.UU. El crecimiento económico se centra en centros de datos, mientras la producción local enfrenta altos costos y competencia difícil. https://tinyurl.com/45b8stee

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MIIA
editorial
10 de octubre de 2025·4 min de lectura
IA revoluciona la manufactura: nuevo golpe a la producción tradicional

El gobierno de Estados Unidos está intentando revertir tres décadas de desindustrialización imponiendo aranceles a China. Sin embargo, al mismo tiempo, la creciente inversión en inteligencia artificial está reproduciendo el mismo fenómeno que en los años noventa contribuyó a debilitar parte de la industria estadounidense.

Lo más curioso es que la historia parece repetirse, pero esta vez con conocimiento previo de lo que sucederá.

Derek Thompson, periodista económico de The Atlantic, ha identificado un patrón que cambia nuestra comprensión sobre el declive industrial en Estados Unidos. Según él, China no fue la única responsable de la pérdida de empleos; el capital americano ya se estaba retirando antes incluso de que eso ocurriera.

En una entrevista con el inversor Paul Kedrosky para su podcast, Thompson explica que en los años noventa, la expansión masiva de Internet y las telecomunicaciones absorbieron enormes cantidades de dinero. Ese dinero tuvo que salir de algún lado: lo tomó de las fábricas. Los pequeños fabricantes vieron cómo se hacía cada vez más difícil obtener financiación, y justo en ese momento China ingresó a la Organización Mundial del Comercio, lo que eliminó muchas barreras comerciales.

No fue una simple mala suerte, sino una relación directa de causa y efecto.

Hoy, el panorama es similar pero a otra escala. Las empresas tecnológicas invertirán alrededor de 400.000 millones de dólares este año en infraestructura para inteligencia artificial. Para ponerlo en perspectiva, el programa Apolo, que llevó al hombre a la luna, costó aproximadamente 300.000 millones de dólares ajustados a la inflación, pero ese gasto se extendió en diez años. Aquí hablamos de una inversión semejante en tan solo un año.

Los centros de datos ya representan la mitad del crecimiento económico en Estados Unidos durante la primera mitad de 2025, y se espera que la inversión anual supere los 500.000 millones en 2026 y 2027. Mientras tanto, los consumidores estadounidenses gastan alrededor de 12.000 millones al año en servicios de IA. Sin embargo, la diferencia entre lo que se invierte y lo que se genera en beneficios es enorme.

El problema es estructural. Si manejas un fondo de inversión de 500.000 millones, tienes dos opciones: repartir ese dinero entre cien pequeñas fábricas que necesitan cinco millones cada una, lo que implica gestionar muchas compañías, asistir a numerosos consejos y hacer un seguimiento constante; o bien firmar diez cheques de 50.000 millones para proyectos de inteligencia artificial, lo que requiere mucho menos dedicación. La elección es clara para los inversores.

Así, un fabricante que quisiera traer producción de vuelta a Estados Unidos se encuentra con que pedir préstamos es muy caro, porque los bancos comparan su proyecto con las altas rentabilidades que prometen las inversiones en IA. No hay competencia posible.

Irónicamente, mientras la política de Trump buscaba incentivar la producción local a través de aranceles para hacer más caro importar desde China, la inversión en inteligencia artificial encarece justamente lo que los aranceles pretenden abaratar: la producción hecha en Estados Unidos.

El resultado podría ser que la industria no gane ni pierda demasiado, pero los consumidores terminen pagando precios más altos.

Para entender el impacto económico, basta saber que construir un centro de datos moderno implica que el 60% del presupuesto se destina a chips de NVIDIA, mientras que el resto se reparte entre refrigeración, electricidad y construcción, siendo el edificio físico la parte más económica.

Además, la localización juega un papel importante. Virginia del Norte concentra buena parte de estas inversiones, transformando zonas rurales en auténticos polos industriales que funcionan las 24 horas.

Pero aún hay una opción que no existía en los noventa: construir centros de datos fuera de Estados Unidos. Países como India y regiones de Oriente Medio están recibiendo grandes inversiones debido a que la electricidad es más barata y las regulaciones, digamos, menos exigentes.

Esto, sin embargo, agrava el problema original, porque el capital se va a esos países y queda todavía menos para impulsar fábricas en suelo americano.

Paul Kedrosky usa una comparación muy ilustrativa: habla de una “estrella de la muerte” que absorbe capital. En los noventa, esa estrella fue Internet; ahora es la inteligencia artificial. Y en ambos casos, las fábricas son el daño colateral.

La diferencia es que en los noventa nadie anticipó lo que pasaría. Hoy, al menos, lo sabemos.

fuente original
https://www.xataka.com/empresas-y-economia/noventa-nadie-vio-venir-como-internet-mataria-hambre-a-fabricas-treinta-anos-despues-ia-esta-haciendo
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