Europa, que hasta ahora se había mantenido como uno de los grandes defensores de la privacidad, está a punto de cambiar ese rumbo. La Comisión Europea está preparando un paquete de medidas llamado "omnibús digital", que se anunciaría a finales de este mes y que promete modificar de forma significativa la normativa actual sobre protección de datos.
Lo preocupante es lo que revelan los borradores obtenidos por Politico. Los responsables de la Comisión aseguran que el objetivo es simplificar muchas de las leyes que regulan la tecnología, recortando solo aquellas normas que consideran excesivas mediante enmiendas específicas. Sin embargo, los documentos muestran cambios que generan inquietud.
Uno de los aspectos más polémicos es el posible debilitamiento del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD o GDPR). Estos ajustes parecen diseñados principalmente para favorecer a los desarrolladores de inteligencia artificial. Jan Philipp Albrecht, exdiputado europeo y uno de los creadores del GDPR, ha advertido que estas modificaciones podrían representar el fin de las fuertes garantías de privacidad que ha defendido la UE, afirmando que la Comisión debería ser consciente de que está socavando gravemente las normas europeas.
El declive económico europeo parece detrás de esta postura. Hace un tiempo, el expresidente del Gobierno italiano Mario Draghi calificó al RGPD como un obstáculo para la innovación en inteligencia artificial en Europa, en un informe sobre competitividad. Pero la gran pregunta es si realmente hace falta sacrificar la privacidad para no quedarse atrás tecnológicamente. Cuando la UE presentó la AI Act, su primera regulación específica sobre inteligencia artificial, optó precisamente por un enfoque muy conservador, algo que generó críticas y que ha provocado que se reconsideren algunos de sus planteamientos más estrictos.
De hecho, gracias a regulaciones como la AI Act, la DMA o el RGPD, la implantación de modelos y funciones de IA en Europa ha sufrido demoras o bloqueos. Casos como Apple Intelligence o Copilot son ejemplos. Mientras tanto, en Estados Unidos y China la adopción ha sido rápida y sin tantas restricciones, lo que plantea un contraste claro: allá la filosofía es mucho más laissez-faire, y algunas empresas incluso proponen relajar las leyes de copyright.
Entre las propuestas en estudio figuran excepciones que permitirían a las compañías de IA procesar datos sensibles como creencias religiosas, opiniones políticas, raza o información sanitaria para entrenar sus modelos, algo que hoy está muy protegido en Europa. También se busca redefinir qué se considera dato personal, de modo que los datos pseudoanonimizados —los que ocultan detalles personales para dificultar la identificación— podrían no estar protegidos por el GDPR, siguiendo la línea de una reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la UE.
Otro cambio polémico es la intención de suavizar las reglas sobre los famosos banners de cookies. El borrador apunta a modificar el RGPD para que los propietarios de webs y apps tengan más justificaciones legales para rastrear a los usuarios sin necesidad de obtener su consentimiento explícito, lo que también implica un retroceso para la privacidad.
Se espera que la Comisión Europea dé a conocer oficialmente estos planes el 19 de noviembre. Aunque es posible que los borradores aún sufran ajustes, la aprobación definitiva dependerá de los Estados miembros y legisladores, quienes están divididos en cuestiones de privacidad. Estas medidas se están debatiendo en un contexto similar al del polémico Chat Control, mostrando la complejidad del asunto.
En resumen, Europa se enfrenta a un dilema importante: adaptarse para no quedarse atrás en inteligencia artificial, arriesgando en el proceso el nivel de protección a la privacidad que le había dado su sello distintivo.



