El GPS y ARPANET, base de lo que ahora conocemos como Internet, surgieron originalmente en el Departamento de Defensa de Estados Unidos. De tecnologías anteriores como el radar, desarrollado desde los años 30 y perfeccionado durante la Segunda Guerra Mundial, también nacieron innovaciones que se aplicaron al control del tráfico aéreo o al uso de microondas. En aquel entonces, fue común que la tecnología militar impulsara inventos para la vida civil.
Sin embargo, con la inteligencia artificial (IA) está ocurriendo lo contrario: los avances van del ámbito civil al militar. Empresas reconocidas como Google, OpenAI o Anthropic están creando los modelos de IA más avanzados, y las fuerzas de defensa observan atentamente estos desarrollos.
En Europa, esta tendencia coincide con una crisis importante en materia de defensa. La guerra en Ucrania ha sacudido la política de Bruselas y colocado a Rusia como una amenaza creciente, mientras que la administración Trump alentó un recorte en la ayuda en seguridad hacia Europa. Esto ha creado la urgencia de fortalecer las capacidades militares.
En respuesta, en marzo la Comisión Europea presentó la iniciativa ReArm Europe o Readiness 2030, que busca aumentar considerablemente las capacidades defensivas de la UE. El plan movilizará cerca de 800.000 millones de euros, incluyendo 150.000 millones en préstamos para inversión militar. Se espera que los gobiernos impulsen la modernización de sus ejércitos, pero también se busca atraer inversión privada.
Este aumento en el gasto se refleja en el Marco Financiero Plurianual 2028-2034, que prevé destinar unos 131.000 millones de euros para defensa, seguridad y espacio, cinco veces más que en el periodo anterior.
Esta apuesta por recuperar el terreno perdido podría beneficiarse de los rápidos avances en IA, que están llamados a transformar los ejércitos y los métodos de disuasión actuales. En la Web Summit de Lisboa, expertos debatieron sobre el auge de la IA en defensa. Josh Araujo, CEO de la startup Forterra, destacó cómo la innovación está acelerándose: “Ya no se trata de comprar sistemas antiguos tripulados por humanos y blindados, sino de desplegar sistemas autónomos de bajo costo que protegen a las personas y permiten proyectar mayor potencia y disuasión con menos gastos”.
Forterra desarrolla sistemas autónomos para defensa y logística, y para Araujo, el objetivo en Europa es hacer que cualquier agresión tenga un coste alto para los atacantes, desplegando capacidades rápidamente y de forma asequible.
La IA es clave para lograr esto. Un informe del think tank RAND señala que la autonomía y la robótica permitirán emplear estas tecnologías a gran escala. Según Araujo, “la IA nos ayuda a procesar grandes volúmenes de datos en el campo de batalla, para que los humanos puedan tomar decisiones informadas, evitando la necesidad de que muchas personas analicen datos manualmente”. Este cambio se ha acelerado en los últimos tres o cuatro años.
La IA ya se utiliza para mejorar la vigilancia mediante análisis masivo de imágenes, identificar objetivos y guiar drones sin operador. En Ucrania, se han probado vehículos terrestres autónomos y se estudian enjambres de drones para realizar misiones coordinadas. Estas soluciones aumentan las capacidades militares a un coste mucho menor que el que representaban antes.
Aun así, la IA generativa en defensa aún está en etapa exploratoria y no tiene aplicaciones claras, admiten expertos del sector en España.
Mientras tanto, numerosas startups enfocan sus esfuerzos en defensa, impulsadas por un contexto de incentivos económicos. James Cross, responsable de inversión en Franklin Templeton, señala que en la última década la inversión en defensa ha cambiado totalmente: “Antes el capital riesgo no tocaba empresas militares, hoy en día la defensa es uno de los sectores más atractivos, especialmente con la IA”. En la primera mitad de 2025, en Estados Unidos se invirtieron unos 38.000 millones de dólares en startups tecnológicas relacionadas con defensa, con nombres destacados como Anduril, Palantir o SpaceX.
También empresas más grandes del sector tecnológico se están metiendo en la defensa. El Pentágono ha firmado contratos de 200 millones de dólares con OpenAI, Google, Anthropic y xAI para desarrollar sistemas de IA. Curiosamente, Google abandonó hace meses su compromiso de no usar IA para seguridad o armamento, algo que indica el interés creciente en este campo.
Aunque muchas de estas compañías desarrollaron sus modelos para mercados comerciales, ahora pueden adaptarlos al ámbito militar. Araujo resalta la ventaja de buscar aplicaciones duales, que sirvan tanto para la industria como para la defensa, ya que esto reduce costos y mejora la calidad de los modelos gracias a conjuntos de datos más amplios.
En Europa, la empresa Mistral también busca contratos militares y se ha aliado con Helsing, una startup alemana especializada en sistemas autónomos. Su CEO insiste en que la inversión en defensa con IA debe canalizarse hacia compañías europeas, en defensa de la soberanía tecnológica.
No obstante, desplegar IA en el campo de batalla no es tan sencillo como instalar servicios para consumidores. Hay retos técnicos importantes, como la necesidad de procesar datos localmente y no depender de redes 5G o la nube. Esto requiere infraestructuras específicas en forma de robots y vehículos autónomos, impulsando la demanda de edge computing.
Además, la logística energética es un gran desafío: llevar energía suficiente y segura al frente es caro y arriesgado. Para solucionarlo se evalúan opciones como pequeños reactores nucleares.
Aunque la IA puede abaratar y acelerar el desarrollo de capacidades defensivas, la inversión necesaria sigue siendo alta y no todos los países están dispuestos a aumentar el gasto militar. En la UE, algunos miembros como Bélgica, Italia y España han mostrado reservas. España, por ejemplo, debe pasar de un gasto del 1,3% del PIB en 2024 hasta un 2% o incluso 3% en los próximos años, como exige Estados Unidos.
No hay duda de que la IA y los sistemas autónomos transformarán el armamento y la guerra moderna. Esto traerá consecuencias militares aún desconocidas, razón por la cual ya hay voces que piden regular este tipo de tecnología para evitar riesgos futuros.



