Cuando la inteligencia artificial comenzó a irrumpir en la música, muchos pensaron que todo el negocio estaría en riesgo. Las noticias recientes parecían confirmarlo: una proliferación descontrolada de grupos falsos creados por IA en plataformas de streaming, junto con sistemas cada vez más sofisticados capaces de generar música difícil de distinguir de la humana. Sin embargo, las grandes discográficas han tomado la iniciativa para recuperar el control.
No se trata de que hayan ganado todas las demandas presentadas contra compañías de IA, sino que han optado por un camino distinto y quizás más preocupante: llegar a acuerdos.
En solo dieciocho meses, Warner Music Group ha cambiado completamente su postura frente a la IA. En junio de 2024, esta discográfica, junto a Sony y Universal, demandó a Suno por infringir derechos de autor, acusándola de entrenar sus modelos con millones de canciones protegidas sin permiso. Pero ahora, sorprendentemente, Warner anuncia una alianza con Suno para licenciar todo su catálogo.
Suno es un generador de música mediante inteligencia artificial que ha atraído cerca de 100 millones de usuarios en dos años. Permite crear canciones completas partiendo de simples descripciones de texto, donde el usuario puede elegir el género, estado de ánimo, instrumentos y tempo. En apenas unos 15 segundos, el sistema genera dos versiones de la canción solicitada, combinando su propio modelo musical con la ayuda de ChatGPT, lo que da lugar a piezas con letras, voces e instrumentación o incluso solo instrumental.
El acuerdo que han firmado señala que, para 2026, Suno lanzará nuevos modelos avanzados completamente licenciados que reemplazarán a los actuales. Además, los artistas del catálogo de Warner —como Lady Gaga, Coldplay o Ed Sheeran— tendrán la última palabra para decidir si su nombre, imagen, voz o composiciones pueden usarse en la música generada por IA. Aunque no se han divulgado detalles financieros, Robert Kyncl, CEO de Warner, aseguró que el objetivo es “compensar y proteger a los artistas, compositores y la comunidad creativa”.
Como parte del trato, Suno adquirió Songkick, la plataforma de Warner para descubrir conciertos. También, de ahora en adelante, para descargar canciones generadas por Suno será necesario tener una cuenta de pago, con límites mensuales y opciones para comprar descargas adicionales, algo similar a los modelos gratuitos con restricciones de otras aplicaciones basadas en IA.
La demanda original de 2024 acusaba a Suno y a Udio de usar masivamente grabaciones protegidas sin autorización, solicitando hasta 150,000 dólares por cada canción infringida. Aunque Suno reconoció haber utilizado decenas de millones de canciones protegidas para entrenar sus modelos, argumentó que su uso estaba amparado bajo la doctrina del “fair use”. ¿Por qué ahora este cambio de postura por parte de Warner? Probablemente influyó que Suno cerró recientemente una ronda de financiación por 250 millones de dólares, valorando la empresa en 2,450 millones.
Warner no es la única en tomar este camino. En junio de 2024, Universal Music firmó un acuerdo con SoundLabs para ofrecer a sus artistas herramientas de clonación vocal con el plugin MicDrop. Y en noviembre, Universal, Sony y Warner firmaron contratos con la emergente startup KLAY para entrenar su modelo musical con música licenciada.
Estos movimientos son clave, porque a diferencia de otros sectores como el cine o la prensa, donde la IA ha provocado fuertes enfrentamientos, las grandes discográficas están siendo las primeras en dejar de lado las disputas, lo que podría allanar el camino para una menor tensión en otras industrias.
Sin embargo, el futuro no está del todo claro. Sony y Warner mantienen abiertas sus demandas contra Udio y Suno, y hay dudas sobre el alcance real del contrato; aunque los artistas supuestamente pueden vetar el uso de sus obras, expertos como Irving Azoff, fundador de Music Artists Coalition, advierten que “los artistas terminan con muy poca participación”. Otros analistas, como Frankie Pizá, son más pesimistas y apuntan a que “lo que parecía el fin del concepto tradicional de autoría se está transformando en un nuevo sistema, controlado por las grandes discográficas”.
Pizá añade que la industria musical tiene una larga historia de adaptarse a las innovaciones tecnológicas: primero rechazan la novedad por motivos éticos, luego presentan demandas legales, después llegan a acuerdos y finalmente implementan las nuevas condiciones. Así ha sucedido con Napster, YouTube, el streaming... y ahora con la inteligencia artificial.



