Deutsche Bank y Morgan Stanley están buscando formas de protegerse frente a los préstamos que han otorgado para construir centros de datos dedicados a la inteligencia artificial (IA), según un informe reciente de Ed Zitron. En él, se critica duramente el auge de la IA y cómo la combinación de deuda y análisis optimistas está inflando una burbuja insostenible en el mercado bursátil.
Ambos bancos están considerando usar algo llamado "transferencias sintéticas de riesgo", un mecanismo que les permite vender la exposición crediticia de esos préstamos a otros inversores, pero manteniéndolos en sus libros contables. Incluso Deutsche Bank está evaluando apostar en corto contra acciones relacionadas con la IA, lo que refleja cierta desconfianza sobre el futuro de este sector.
La importancia de esta situación es clara: grandes entidades financieras como Morgan Stanley, Deutsche Bank, Goldman Sachs, JP Morgan y MUFG han sido protagonistas en las mayores operaciones de financiación de centros de datos en el mundo, incluyendo préstamos a empresas como CoreWeave y proyectos como Stargate. Sin embargo, ahora buscan reducir su riesgo sobre esos mismos activos.
Para dimensionar el fenómeno, en 2025 se cerraron al menos 178.500 millones de dólares en financiación para centros de datos solo en Estados Unidos, casi tres veces más que en 2024. CoreWeave, uno de los operadores más grandes, maneja una deuda de 25.000 millones de dólares, pese a generar ingresos estimados de 5.350 millones y registrar pérdidas millonarias cada trimestre.
El modelo de financiación de estos centros de datos es curioso y arriesgado: primero firman contratos con clientes antes de tener la infraestructura lista; utilizan esos contratos como garantía para obtener deuda bancaria; compran las GPU necesarias —mayoritariamente de NVIDIA— y diseñan las instalaciones, que tardan entre uno y tres años en estar operativas. Solo entonces comienzan a generar ingresos recurrentes. Si la construcción se retrasa o los clientes no cumplen con los pagos, los préstamos quedan sin respaldo.
En otras palabras, los mismos bancos que impulsaron este boom ahora están intentando cubrirse ante el posible impago. Ejemplos claros son Blue Owl Capital, que en diciembre se retiró del centro de datos Stargate de Michigan —un proyecto de 10.000 millones— por preocupaciones sobre el incremento de deuda y gasto en IA; SMBC, que vendió transferencias de riesgo ligadas a préstamos de deuda privada en dos ocasiones durante el año; y Goldman Sachs, que suspendió en diciembre la emisión de bonos hipotecarios para el operador CyrusOne.
Aunque los bancos defienden que estas coberturas son prácticas habituales de gestión de riesgo, llama la atención que se protejan frente a préstamos que ellos mismos idearon y aprobaron, muchos otorgados a clientes con capacidad de pago incierta. Por ejemplo, CoreWeave ofrece a OpenAI plazos de pago de hasta 360 días desde la factura. Dado que OpenAI necesita recaudar 100.000 millones para seguir operando, si decidiera no pagar, CoreWeave incumpliría automáticamente sus obligaciones crediticias. Y cabe destacar que CoreWeave es probablemente el operador mejor financiado dentro del sector de nubes emergentes.
En cuanto al rastro del dinero, NVIDIA anunció en octubre que respaldaría con 860 millones de dólares las obligaciones de arrendamiento de uno de sus socios a cambio de warrants —con 470 millones depositados en una cuenta restringida—. En el balance de CoreWeave del tercer trimestre figura una partida de “efectivo restringido no corriente” por 477,5 millones de dólares. Además, NVIDIA firmó un contrato por 6.300 millones con CoreWeave para comprar la capacidad que este último no logre vender hasta 2032.
Lo preocupante es que los bancos que ahora tratan de cubrir sus inversiones son los mismos que han financiado la mayor parte de la infraestructura global de IA. No están vendiendo cualquier riesgo, sino el de centros de datos que podrían nunca llegar a funcionar o que, si lo hacen, servirán a clientes que consumen miles de millones sin obtener beneficios.
Cuando quienes han financiado este boom empiezan a mostrar dudas, vale la pena prestar atención. Después de todo, incluso CEOs de gigantes como Google o Microsoft han reconocido que estamos frente a una burbuja en la IA que no puede pasar desapercibida.



