Europa enfrenta una creciente oleada de incursiones de drones que han violado su espacio aéreo, provocado cierres de aeropuertos y expuesto la fragilidad de sus sistemas de defensa. Frente a esta amenaza híbrida y cada vez más cercana, la Unión Europea está considerando levantar un “muro antidrones”: una red avanzada de radares, sensores y sistemas de neutralización que proteja el cielo continental de estos enemigos invisibles, económicos y letales.
España es uno de los países que más está avanzando en esta área, con varios desarrollos tecnológicos listos para ser probados. Entre el 20 y el 24 de octubre, las Fuerzas Armadas españolas llevarán a cabo el ejercicio Atlas 25 en Huelva, el mayor encuentro conjunto de Tierra, Aire y Armada dedicado a la defensa y ofensiva con drones. Allí se evaluarán sistemas nacionales de observación, interceptación y guerra electrónica, con la participación del Mando de Operaciones de Defensa y del INTA.
Más que una simple maniobra, Atlas 25 refleja el despertar tecnológico de la industria española. Empresas como Indra, Arquimea, TRC y Escribano buscan posicionarse como actores clave en la defensa europea contra enjambres de drones baratos y letales que dominan los cielos.
El ejercicio servirá como campo de pruebas para diversas soluciones, desde drones ofensivos como el Q-Slam 40 de Arquimea, capaz de operar sin GPS, hasta sistemas de inhibición y defensa desarrollados por Indra y Escribano. Además, será una oportunidad para mostrar la capacidad española de integrar tecnología y fomentar la cooperación entre el sector público y privado.
La guerra en Ucrania ha dejado claro que toda plataforma es vulnerable a ataques aéreos y que la supervivencia depende de la rapidez para desarrollar nuevas herramientas de guerra electrónica. Tras recientes incursiones de drones rusos en el espacio aéreo europeo, construir ese “muro antidrones” es una prioridad urgente. Por eso, Atlas 25 no solo es un ejercicio militar, sino también un símbolo político y estratégico que coloca a España a la vanguardia de la respuesta europea.
Uno de los avances más destacados es el sistema Nexor, desarrollado por TRC, elegido por el Ejército de Tierra como eje de su nueva estrategia de guerra electrónica. Esta plataforma modular centraliza en una sola interfaz toda la información captada por los sensores desplegados. En ejercicios recientes en Ciudad Real realizados por el Regimiento de Guerra Electrónica 31, Nexor, conocido militarmente como Cerberus, demostró su capacidad para detectar, interceptar e inhibir drones hostiles y comunicaciones enemigas, incluso en entornos saturados electrónicamente.
Nexor integra inteligencia artificial y aprendizaje automático, y su diseño abierto permite agregar nuevos sensores o actualizaciones sin necesidad de rehacer la plataforma. En un escenario donde cada segundo es crucial, este sistema puede reducir significativamente el tiempo entre la detección y la respuesta, brindando a los soldados una visión clara y unificada para neutralizar amenazas en fracciones de segundo.
Además, Nexor es un producto completamente nacional, lo que implica que España procesa y almacena sus propios datos sin depender de códigos extranjeros ni revelar información sensible a otros países, incluso aliados. Esta colaboración entre TRC y el Ejército refuerza la autonomía estratégica del país y anticipa la forma que tomará el combate, donde tanto las ondas como los datos serán tan decisivos como los misiles.
El Ministerio de Defensa también está apostando fuerte: ha lanzado un programa de 646 millones de euros para fortalecer la guerra electrónica del Ejército de Tierra, adjudicado a Indra bajo el amparo de un artículo que permite excluir ciertos contratos de las normativas europeas por razones de seguridad nacional. El 60% de esta inversión se destinará a capacidades móviles, con 16 sistemas montados en vehículos Vamtac equipados con sensores interoperables. Indra contará con el apoyo de empresas especializadas como TRC, que trabajan estrechamente con el Ejército para adaptar las soluciones a las necesidades reales.
El objetivo es claro: crear un sistema español, escalable y soberano, que combine la experiencia industrial con la agilidad tecnológica que exige hoy el campo de batalla.
Las lecciones de Ucrania han evidenciado la vulnerabilidad ante drones y la urgencia de adaptarse a una guerra donde el control del espectro electrónico es tan vital como el dominio territorial o aéreo. Atlas 25 llega justo en un momento clave, cuando Europa busca proteger sus cielos frente a la amenaza híbrida rusa y España emerge como un actor inesperadamente preparado.
De proveedor secundario, la industria española ha pasado a ser un laboratorio de innovación táctica, donde se integran tecnología, inteligencia y soberanía digital para marcar el rumbo futuro. Si la guerra del mañana será una batalla entre algoritmos, sensores y máquinas autónomas, España está decidida a no quedarse atrás. Y Atlas 25 será, en última instancia, la prueba de ese compromiso.



