Ayer repasamos el arsenal que China exhibió durante su desfile para conmemorar el 80º aniversario de la victoria sobre Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Fue un mensaje claro sobre el avance en la modernización de su Ejército Popular de Liberación, pero lo que se mostró fue solo una parte del verdadero poder que han desarrollado.
De hecho, China guardó varios “as en la manga”. Muchos de sus desarrollos más avanzados permanecen en secreto, ya sea porque aún están en fase de prueba, por razones estratégicas o porque no pueden exhibirse en un evento público. Lo visto en la plaza de Tiananmén es apenas una fracción de su capacidad real, mientras que paralelamente trabajan en tecnologías disruptivas que podrían cambiar la guerra en el futuro.
Por ejemplo, en aviación están probando cazas furtivos de sexta generación, conocidos provisionalmente como J-36 y J-50, bastante avanzados pero mantenidos en absoluto secreto. También desarrollan cañones de riel y de bobina electromagnéticos, que pueden interceptar misiles hipersónicos y balísticos con bajo coste. Estos sistemas, por ahora demasiado grandes y limitados a buques de gran tamaño, no pueden mostrarse en un desfile terrestre. Además, han estado ensayando un vehículo espacial reutilizable, similar al X-37B estadounidense, que puede permanecer meses en órbita para misiones militares confidenciales.
En cuanto a la marina, desde 2019 han avanzado mucho con la construcción del portaviones Fujian y la futura clase Type 004, así como buques anfibios de asalto como los Type 075 y Type 076. También trabajan en el submarino estratégico Type 096, que potenciará su disuasión nuclear en los próximos años. Ninguna de estas plataformas gigantes pudo desfilar, aunque algunos sistemas y aeronaves asociados podrían mostrarse.
China también considera la ciberdefensa un elemento clave de su seguridad. Desde la creación de la Strategic Support Force en 2015 y la Cyberspace Force en 2024, han centralizado operaciones de inteligencia, ataques cibernéticos y defensa de infraestructuras críticas. Aunque el desfile incluyó algunas alusiones a estas nuevas formas de combate, su verdadero arsenal digital permanece oculto, al igual que la magnitud real de sus operaciones en este campo.
La inteligencia artificial y los sistemas autónomos también son prioridad. El ejército desarrolla algoritmos para manejar datos de combate en tiempo real, mejorar logística y entrenamiento. Ya usan drones de ataque y reconocimiento con navegación autónoma y coordinación entre plataformas, como el GJ-11, Wing Loong y Rainbow. Sin embargo, sus capacidades algorítmicas más sofisticadas se mantienen fuera del alcance público.
Respecto a la disuasión nuclear, aunque exhibieron misiles balísticos intercontinentales y bombarderos estratégicos, los verdaderos elementos clave quedaron ocultos: sus sistemas resistentes de mando y control, silos reforzados en el noroeste, la extensa red subterránea conocida como la “Gran Muralla Subterránea” y sus submarinos nucleares con misiles balísticos, actuales y en desarrollo.
Además, cuentan con una red de alerta temprana y defensa antimisiles que combina satélites infrarrojos para detectar lanzamientos en cualquier parte del mundo y radares fijos de alta tecnología capaces de rastrear misiles y aviones furtivos en vuelo. Estos sistemas cruciales, aunque ya probados eficazmente, son secretos y no se mostraron en el desfile.
También desarrollan un sistema de vigilancia submarina en el mar de China Oriental y Meridional, con hidrófonos, sensores y vehículos autónomos para monitorear submarinos enemigos. Esta “Gran Muralla Submarina” es vital para proteger su flota nuclear y reforzar su capacidad antisubmarina, pero su localización y funcionamiento siguen siendo confidenciales.
En el espacio, China opera más de 500 satélites militares y de doble uso y busca autonomía con su sistema de navegación BeiDou. Además, tiene capacidades de reconocimiento y comunicaciones seguras, y trabaja en armas antisatélite que incluyen misiles de ascenso directo y posibles armas de energía dirigida. Ninguno de estos sistemas apareció en el desfile, aunque son fundamentales en su estrategia de guerra informatizada.
Finalmente, no hay que olvidar la fuerza industrial que hay detrás de todo esto. China puede fabricar internamente desde fusiles hasta portaviones, motores a reacción y misiles hipersónicos. Esa independencia y rapidez productiva, junto con la fusión de industrias civiles y militares, como en el caso de sus motores aeronáuticos, les da una enorme ventaja para sostener y acelerar su modernización.
En resumen, el desfile presentó al mundo un gran escaparate de poder militar, pero lo más peligroso y transformador quedó oculto. Mientras tanto, en túneles subterráneos, satélites, mares vigilados y fábricas de alta tecnología, China construye un entramado que busca cambiar el equilibrio militar global en las próximas décadas.


